Herida proviene del latÃn ferire, de donde también asciende perforar. Por eso, la herida, aunque sane en la superficie, nos agujerea, Y en ese agujero suele gestarse otra vida. Si, la herida es memoria y la memoria es vida. Al contemplarla, nos descubre y nos entrega otra sombra: un alter ego oscuro.
Valeria Sandi, poeta desde la médula, acierta: «nos repartieron / la sombra / sin decirnos / que llevarÃa nuestra forma» Y nos devela: «la sorpresa y la herida están a un solo paso».
Cada libro de un poeta nutre el corazón de la poesÃa y, con este, la poesÃa acepta que el tiempo es, a veces, ceniza y no siempre arena en el reloj.
Rolando Kattan
La poesÃa de Valeria Sandi posee la rara virtud de la contención: dice mucho con muy pocos elementos, dejando que el vacÃo, las pausas y el silencio respiren entre los versos como parte esencial de la emoción poética.
AsÃ, página tras página de este breve pero intenso poemario, se confirma el crecimiento de una voz de notable sensibilidad dentro de la poesÃa boliviana contemporánea: una escritura capaz de transformar el dolor en música, la ausencia en resonancia y el recuerdo en una forma de resistencia interior.
Gabriel Chávez Casazola





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